CECILIA DOMÍNGUEZ LUIS

Cecilia Domínguez Luis

PREMIO CANARIAS DE LITERATURA 2015

Tras una infancia y adolescencia entre libros y con una vocación para la escritura, marcha a Madrid para estudiar historia del arte en el año emblemático del 68. Abandona los estudios para reemprenderlos en 1977. Es el año en que publica su primer libro, Porque somos de barro. A partir de ese momento se adentra en la creación literaria y obtendrá varios premios, entre los que cabe destacar el “Pedro García Cabrera”. Con el poemario, Objetos (1981) entra en un periodo de reflexión y con necesidad de abrirse a otros territorios poéticos que caían bajo la órbita de Pedro García Cabrera, Rafael Arozarena, San Juan de la Cruz, Cernuda, Agustín Espinosa. Con el libro de 1982, Presagios de sueños en las gargantas de las palomas, la escritora se acerca a un cierto irracionalismo, con las sospechadas influencias de Baudelaire, Apollinaire y de los surrealistas canarios. En 1987 publica Un cierto sabor ácido para los días venidero; cargado a la vez de serenidad e ironía, la poeta se centra en el tema amoroso tratando de conservar un paraíso perdido. Con Vísperas de la ausencia (1989) se contraponen los mundos de la realidad habitual en la que habita y el mundo de la memoria; los versos describen la noche oscura de un alma que sale del lugar del sentimiento para encaminarse al encuentro del cuerpo. La poeta declara que el título Otoño de los dáctiles velos (1991) surgió de un juego que pronto se convirtió en un ejercicio de indagación sobre el propio vivir y sobre el lenguaje. En Fábula y otros desconciertos (1992) no usa la fábula como correlatos de acciones humanas; en el espacio autónomo del poema, el animal interviene en el escenario humano como un actor más en el gran teatro del mundo. Cinco años después da a conocer Y de pronto anochece, un poemario que da paso al espacio urbano y en donde aprovecha los instantes de luz que traspasan al ser antes de que caiga la noche. Con anterioridad ha comenzado a internarse en el mundo narrativo con la colección de cuentos Futuro imperfecto (1994); con tales relatos intenta liberarse de algunos fantasmas cotidianos que se resistían a salir en los poemas. De ese modo recapitula lo aprendido hasta ese momento de lo que ha ido dejando la historia en su vida. El tópico del viaje para dar cuenta de su recorrido vital aflora nuevamente en su poemario Así en la tierra (2000). En ese año se publica Solo el mar: el mar como único principio organizador del libro aunque su gestación se produce por la propuesta del arquitecto Carlos Schwartz quien le entrega una serie de fotografías de imágenes marinas que le suscita los respectivos textos poéticos. Mantiene de manera ininterrumpida, en el marco ya del siglo XXI, una producción poética que aborda diversos temas; en 2002 llegan los poemas de Doce lunas de eros y, sucesivamente: la antología Octubre ( 2003), Azogue (2005), Para cruzar los puentes (2006), El libro de la duda ( 2007), Bestiario (2008), La ciudad y el deseo (2009) y Cuaderno del orate (2014). Esta escritora, además, ha ido creando un personal territorio narrativo con el aporte de una serie de libros que orienta hacia la literatura infantil y juvenil, además de varias novelas en las que, en alguna de ellas, perfila relatos de hondo contenido actual (Los niños de la lata de tomate, 2012), o, por otra parte, se inscribe en la denominada novela de la memoria histórica, tal como se aprecia en Mientras maduran las naranjas (2009).

Esta escritora ha mantenido una activa vida cultural. Ha pertenecido a varias redacciones de revistas literarias (Fetasa, Cuadernos del Ateneo, ACLrevistaliteraria); ha colaborado en diversos suplementos culturales y fue coordinadora de varios congresos de literatura. Fue elegida presidenta del Ateneo de La Laguna en 1999. Es miembro de número de la Academia Canaria de la Lengua; fue nombrada, en el año 2013, miembro del Instituto de Estudios Canarios. En 2015 se le concede el Premio Canarias de Literatura.